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La enfermera de la consulta de autismo, un pilar clave ante el abismo del diagnóstico.

Hace 110 días

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“Que a una familia les digan que su hijo o hija tiene Trastorno del Espectro Autista (TEA) supone un gran impacto y después se sienten ante un abismo”, asegura Andrea Novoa, enfermera especialista en Salud Mental que dirige la consulta de Atención Temprana y Autismo del Complejo Hospitalario Universitario de Ourense (CHUO).

Esta unidad se centra en ambos aspectos: en la consulta de Autismo se encargan de hacer el cribado y completar el trabajo de psicología y psiquiatría; y en la consulta de Atención Temprana “hacemos un seguimiento de los casos, apoyo a los papás y, sobre todo, recalcamos que es algo muy continuo. Estamos en bastante contacto con las familias y los niños porque requieren mucha atención”, explica la enfermera. “También demandan mucho en los domicilios: pautas, manejo de situaciones… Les ayudamos ante momentos concretos como llevarlos al cole, cómo actuar en un centro comercial o lugares de mucho tránsito, porque es ahí donde más agobio padecen y donde surge el conflicto”, añade.

Las personas con TEA con frecuencia tienen problemas con la comunicación y la interacción social, y conductas o intereses restrictivos o repetitivos. Las personas con TEA también podrían tener maneras distintas de aprender, moverse o prestar atención. Es importante señalar que algunas personas sin TEA también podrían tener algunos de estos síntomas. Sin embargo, en las personas con TEA, estas características pueden dificultar mucho la vida.

“En los últimos años existe más visibilidad, sobre todo a raíz de la pandemia. Ha surgido más observación en los domicilios y eso nos ha ayudado a concretar más los casos”, resalta Novoa. “También es importante el papel de enfermería en Atención Primaria porque detecta los primeros síntomas y nos los derivan. Realizamos una actividad conjunta”, prosigue.

En la consulta que dirige esta enfermera participa toda la familia, incluso a veces los abuelos, tíos… El objetivo es integrar a toda la familia. “Los niños son muy pequeños, de 0 a 6 años, y hacemos pautas a nivel general. Una vez pasan los seis años muchos de los pequeños de atención temprana resuelven el conflicto y no es necesario seguir. En cambio, en los niños con TEA es un poco más complejo y pasan a la unidad de infanto-juvenil, que sería la siguiente unidad en la que mantener la continuidad asistencial en el proceso”, finaliza Novoa.

Fuente: https://diarioenfermero.es/la-enfermera-de-la-consulta-de-autismo-un-pilar-clave-ante-el-abismo-del-diagnostico/

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